Islas utópicas
La imaginación humana tiene una tendencia a crear valores positivos y el deseo de éstos, a idealizar las realidades, a sublimar tal y como diría Freud-, convirtiéndose en una fábrica de ilusiones y quimeras. Las características de un espacio geográfico independiente, parapetado en el mar bravo y hostil, hacen de las islas inaccesibles lugares de imaginación.
Por otra parte, encontramos en numerosas religiones el simbolismo del agua que rodea a ese otro mundo y lo separa del de los vivos. En Mesopotamia se requería atravesar un mar de aguas negras, para los egipcios, la gran nave Solar de Osiris era franqueada por los peces sagrados de Abtu y Anet, el Tártaro la morada de los malvados- estaba flanqueada por los ríos Aqueronte y Estigio, sobre los que navega el barquero Carón, el Paraíso musulmán rodeado de arroyos, del mismo modo que el Jardín del Edén en el Génesis. También son tierras de inmortalidad las Islas Maravillosas, la Isla Blanca, las islas de los Afortunados, Avalon, Montsalvat o la Isla Verde
Empieza así a gestarse la ou (no) topos (lugar): la utopía, cuyo territorio predilecto es la isla: un mundo inaccesible, misterioso y a salvo del exterior y sus realidades. De este modo, Platón nos habla de la Atlántida, Hecate de Abdera de la Isla de los Hiperbóreos y Evhemero de Pachaia. Ya en el Renacimiento, Tomás Moro nos describe su Utopía y Francis Bacon, Bensalem. Las islas maravillosas narradas por François Rabelais: isla de Medamothi, isla de Ennasin, islas de Macraeon, la isla de Ruah; o las Islas afortunadas de Pierre de Ronsard. En el siglo XVII, se sigue escribiendo sobre el deseo encarnado en otras islas utópicas: Arthur Thomas con las islas de los hermafroditas, Baltasar Gracián con la isla de la Inmortalidad. Destacan con brillo propio, las islas imaginadas por Johnatan Swift en los Viajes de Gulliver: Liliput, Brobdingang, Laputa. También Denis Diderot se suma a la utopía insular con Les Bijoux indiscrets, y hasta el Marqués de Sade nos regala una utopía llena de libertinaje, crueldad y desenfreno en la Isla Tamoé. Quizá sea un símbolo del final de los deseos utópicos, puesto que el siglo XIX se vuelve parco en parco en quimeras, exceptuando al genial Julio Verne en la Standard Island.
Islas distópicas
Las islas tienen un lado oscuro. Distopía es el término comúnmente usado en el género de la ciencia ficción como antónimo de utopía. Al igual que en la utopía se refleja una sociedad hipotética distinta a la nuestra, pero lo hace con una concepción negativa. El concepto de utopía implica una sociedad, gobierno o proyecto halagüeños, aunque irrealizables; en una distopía, por el contrario, refleja la visión de un mundo peor que el nuestro. Cabe mencionar aquí dos obras de excepcional importancia: "La isla del doctor Moreau" y "El señor de las moscas". En ambas, el sueño de la isla deviene en pesadilla
Guía de viaje
Atlántida
Utopia
Bensalem
Ennasin
Isla de hélice
La isla del doctor Moreau
El señor de las moscas
UTOPÍA
Tomas Moro
En cambio, en Utopía, donde todo es de todos, no teme nadie que pueda llegar a faltarle lo personalmente necesario, a condición de que contribuya a que estén llenos los graneros públicos. No se hace maliciosamente el reparto de los bienes; no hay pobre ni mendigo alguno; y, si bien nadie tiene nada, todos son ricos.




